Que llegaste a mi vida y empujaste sin medida ahondado hasta el fondo de mi casa.
Inundaste los pasillos de fragancias de inciensos y mi estancia favorita la transformaste en grana…
Rellenaste el suelo con alfombras y abriste las ventanas, dejando que el sol entrase y le diera luz a tu gracia.
Cubriste con tu piel la fina losa de mi alma, me diste sueños, caricias y el aletear incesante de la esperanza…
Adornaste mi mesa con finas porcelanas, la copa siempre llena, los cubiertos de plata...y un bocado exquisito en ingesta diaria…
Te quedaste a vivir donde descansan los suspiros y el deseo incansable de tenerte. Es una estancia especial que huele a vetiver, a bosque, a otoño apacible, a bienestar silente.
Y desde entonces subo cada mañana para verte, para sentarme a tu lado, para leerte…para decirte muy bajito, quédate para siempre.
*Rocío Pérez Crespo*
*Derechos Reservados*
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