sábado, 7 de abril de 2012

SÁBADO POR LA MAÑANA...





Tengo la sensación de haber retrocedido tres meses, sopla el viento, frío y rebelde…sonrío. Hoy no necesitamos peines ni nuevos "looks", ya se encarga el “oeste” de hacernos las últimas tendencias. Los modelos más atrevidos, los pelos más chic.
Es increíble verlo todo de nuevo gris, mustio, pero mi tierra es así. Con ella no van los esquemas fijos: es libre, es francamente, el espíritu  de la tierra de nadie.
Voy andando por sus calles, todo suena diferente. Los neumáticos gruñen en las curvas, se quejan de la cera de las velas, la música de “Stabat mater dolorosa” retiembla todavía en las fachadas. Es sábado de Gloria, todo tiene que estar listo para el gran día de mañana. Cofradías haciendo traslados, carrozas vacías. Ya no quedan flores…Yecla labora.
Me adentro por su idiosincrasia , soy una de ellos. Saludo, paro y charlo con mis conocidos, sigo mi camino y pienso, pienso…pienso. ¿Qué pienso?, que sería genial tenerte ahora y siempre,  a mi lado.
Eres un enigma, un compendio de rarezas. Capaz de romperme los vértices, de dejarme flotando en un mar de dudas. Me sorprendes con ese enorme corazón, con esos sentimientos tan profundos y, sin embargo el silencio que brota de tus poros, la indiferencia, el pudor, chocan irremediablemente. Sé como eres, aunque no sé explicarlo.
Llevo los auriculares puestos, suena Lou  Reed y su genial “Perfect day”, algo que pega estupendamente con el ambiente que se despliega  ante mis pensamientos.
Me hago mil preguntas y acoplo las respuestas con las señales que me vas dejando. No, no, no y un millón de veces no…y de pronto un sí. Me asusto y,  no lo hago por ti, sino por mí. Por qué si son imaginaciones mías, aunque solo sea por un efímero instante, creo que algo grave me está ocurriendo.
Estoy helada, me parece que he salido con un algo de gallardía a la calle. Me paro delante de un escaparate.  Es un vestido precioso. Claro qué…yo soy bajita, una pelota vasca. No soy rubia, ni tengo los ojos verdes, ni azules. No tengo el cuerpo perfecto, ni las medidas apropiadas, no tengo el pelo liso, ni una melena espectacular. Así qué ese vestido me va a sentar como a  un Cristo dos pistolas,  con las mismas sigo camino. Mejor me apaño con una chaquetita y una blusa, sí.
Y de pronto, otro puñetero pensamiento y éste, más real si cabe… ¿cómo porra se va a fijar en alguien como yo? Y aquí no vale el corazón, ni el alma. Las cosas de entrada llegan por la vista, joe y, yo…yo. Es lógico que no quiera estar.
Doy la vuelta a la esquina. Entre la música, mis pensamientos y el propio despiste que Dios me ha dado, casi me pilla un coche. No he visto hacer tantos aspavientos en mi vida a un solo hombre. Ha bajado la ventanilla y literalmente me ha gritado ¡leche que susto!, ¡joder mira por donde vas! A lo que sin más le contesto…tómese una tila, oiga y, feliz sábado. Me mira mal, como queriéndome hacer un mal de ojo, pero no dice ni media. Sube la ventanilla, gira y se pierde.
¡Que tío más raro!
Sé, que algún día me llevará por delante un coche, es algo que tengo asumido, en fin.
Entro a una tienda, huele a limpio, a cartón y ropa nueva. La chica, simpática y jovencita, con cara de sueño se acerca hasta mí y me pregunta si me puede ayudar. Le digo que sí, con una sonrisa.
Me oferta una chaqueta de punto color ciruela y una blusita blanca, me queda bien, me veo bien. Tiene ese toque primaveral. También me propone un vestido de temporada en tonos verdes y beige, le digo que no amablemente y, queda conforme. Pago mis cosas y salgo de nuevo al viento del oeste.
Dos meneos más de cabeza y terminaré para que me de algo, verás que si.
Me miro el reloj, las doce y media de la mañana. Es hora de regresar.
Y eso hago…volver a casa contigo en mis pensamientos. Lista, preparada para un poco más de confusión, de dudas e incertidumbres…de guerra interna.
Espartanos, desayunad bien. ¡Porque esta noche cenaremos en el infierno!...así, con un par.


*Rocío Pérez Crespo*
*Derechos reservados*

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