lunes, 31 de enero de 2011

LA LEYENDA DE ANA...

Ella encajaba en los sueños de alguien…más nunca descubrió en el corazón de quien.
Sus años fueron pasando mientras sola y con ramos marchitos, esperaba su tren.
Le habían contado que no tuviera prisa, que el momento llegaría dotándola de tal alegría que no recordaría ni la espera, ni la melancolía.
Y se mantuvo quieta en el andén.
El vestido blanco se tornó amarillo y sus cabellos dorados cambiaron su brillo. Su piel  adquirió otro tono más dormido.
Pero sus ojos miraban con la esperanza ilusionada de quien ve siempre amanecer.
Se acostumbró al sonido de las ruedas sobre los raíles y también a ver pasar vagones cargaditos de sonrisa de papel.
En cada enganche una flor prendida, dos almas unidas que desde la ventanilla le dejaban el saludo mas radiante entre flechas y sedas de rojo salvaje.
Y fueron pasando los soles y las lunas otoñales… siempre con la esperanza de picar su pasaje, pero fiel a aquella creencia de ser descubierta por la realeza más bella que jamás conociera.
Una mañana de calida primavera una mano se posó en ella…lentamente giró la cabeza y observo serena su propio reflejo en unos ojos morenos de excelsa candidez.
- ¿Eres tu mi tren?
- Yo soy lo que tú quieras que sea, el verde más primoroso o el rosa pastel.
- ¿Y a donde me llevas?
- A las nubes más altas, donde descansa el viento y acoge en su seno a cualquier ser.
- ¿Y seré feliz allí?
- Donde hay paz siempre hay dominio. Y un corazón como el tuyo tiene su sitio entre los grandes caminos de un firmamento encendido.
- Pensé que no llegarías nunca.
- Lo se,  la paciencia tiene su don. Abrázate a mí con todas tus fuerzas y notaras como llegas al más dulce resplandor.
Y una luz iluminó el banco donde siempre esperó, cansada de ver pasar trenes llenos de amores sin condición… y un aroma quedó prendida para siempre en la estación… dicen los que allí vuelven que de lilas y malvas te envuelve el olor y una sensación extraña te recorre el interior, es como si notaras el amor más puro en el centro justo de tu corazón.

*Rocío Pérez Crespo*
*Derechos Reservados*

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