lunes, 10 de diciembre de 2012

UN PUENTE ROTO...




En un mundo carente de valores, camino como un fantasma intentando encontrar la primera parte de todo.
Observo los rostros que se pasean por mi lado, en sus ojos no hay verdad ni mentira, son mascaras blancas de miradas vacías y bocas vehementes que gritan desde el anonimato el propio ego que los consume.
No encuentro belleza en la mañana, no veo la luz del sol, solo un calor sofocante que despierta el olor a  mierda acumulada en las calles. El vómito del borracho, el esputo del enfermo, el temor del cobarde, la sonrisa de medio lado del hipócrita.
Los árboles gritan desde sus raíces, escupen al viento su azote.
En la noche las caretas caen al suelo sin reflejos de luna, las almas disolutas se comportan como animales. Se cierran las ventanas, se atrancan las puertas Se rompe el círculo escapando por su diámetro unas lágrimas muertas que roban al espacio calor. 
Somos presos sentados en sofás estampados con flores, conscientes de un lavado cerebral, de frases subliminales que hurtan el aliento libre en las bocas abiertas de estupor.  No abruma el dolor, ni la sangre, ni las balas de los fusiles que braman avariciosos de carne, ni los sesos infantes desparramados en la calle.
La lluvia  ya no es añorada, nada tiene que ofrecer, si acaso la desgracia de su masa levantándose contra el hombre. El mismo hombre que debajo de su insensatez cierra los parpados para no ver. 
No hallo la primera parte de nada…
La visión global quedó obsoleta, como el niño famélico esperando su muerte, apostado en cualquier ruina y como  única compañía, un ave carroñera en eterna espera para alimentar sus plumas.
Las tetas de las madres agonizan secas de vida, y en la misma estopa donde cae una gota de leche agria, se cuaja la cruz que avala, las entrañas satisfechas de granas que lamen dentaduras limpias.
El otoño es un angosto pasillo de herrumbre que le da paso a un invierno perpetuo, ni blanco ni negro, es solo un tramo congelado que no volverá a ver jamás el térmico aire de ninguna primavera. Porque las mariposas ya no vuelan…
Se comunican sin voz, en una soledad absoluta, con las retinas consumidas ante una pantalla rígida, intentado atrapar en la distancia lo mismo que tienen  en la cercanía y  que rechazan en pos de una nueva sensación que aporte un algo de color, a las tediosas venas que los circundan.
Rompen las arrugas de los sabios, recluyendo sus huesos en paredes desnudas de afectos, sin responsabilidad, sin apego…se deja morir lo auténtico.
El amor se mide con cuentas bancarias, la belleza en tallas,  el beso se paga con visa platino, el verso estorba porque es gratuito, las plumas se pisan para no interrumpir la prisa de unos pies que no saben para donde van. Los oídos se tapan para dejar espacio a un eco sordo que trae presagios de muerte. La mentira gana partida enarbolando una bandera sin mástil, la verdad es solo una memoria enclaustrada en los pozos negros del pretérito.
No encuentro la primera parte de nada, pero sí, el último capitulo de todo…sí, el final de un puente roto.



*Rocío Pérez Crespo*
*Derechos reservados*




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