jueves, 25 de octubre de 2012

DOS CIELOS...






Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, 
¡qué soledad errante hasta tu compañía!

Pablo Neruda.

Miro y no estás. La eternidad me envuelve con una sábana recia que araña mi dermis  provocando dolor, supurando soledad. La alegría de ayer se ha evaporado como el charco en la acera y, la ilusión manifiesta que vistió mi corazón, es como las hojas amarillas  de este angosto otoño que caen sin pedir permiso, por pura costumbre. 
     Me digo que no es posible subir tan alto y caer de golpe. Que la resistencia tiene su límite y ese límite no soy yo, que los vacíos revuelven las tripas y amargan el paladar hasta trocar la miel en algo parecido al sabor del vomito.
      La realidad manda…
     Y manda y ordena, que cualquier camino que elija, tendrá una pared sólida que me impida llegar  hasta ti.
      Me empeño en pelear con el destino, en arrancarle un mísero segundo que me sepa a sueño, donde me vea plena, sin mascara, pronunciando un  nombre que es mío. Porque lo siento tan mío, como el calor de mi cuerpo o el olor de mis manos. Porque sé que el vínculo creado es tan grande, tan poderoso que lo llevaré pegado a mi vientre hasta el mismo día que expire mi vida. Con el último halito posiblemente cambiaré la realidad tan brutal que soporto,  por ese sueño que tanto anhelo, que limpia y justifica el oxigeno denso que respiro.
      Por fin serás libre para amarme.


*Rocío Pérez Crespo*
*Derechos reservados*

La ilustración es de André Khon, una genialidad, se mire por donde se mire.

 



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