lunes, 5 de agosto de 2013

TERMINAR DICIENDO ADIÓS…



Terminar diciendo adiós, como si eso fuera importante. Terminar diciendo ¡vete! Como se le dice a los fantasmas en las menguantes noches de un mes de noviembre. Terminar diciendo…Con la boca muy abierta y los sesos encogidos, flagelados los huesos por los tumores crecidos.
Potestad y calibre del ego dolido que aguantando la amargura sospesa solo la purga dañina que lo sostiene, para repartir con furia un antídoto que vela a la muerte. Todo, para recuperar por dentro la seguridad de una mentira que no tiene ni dueño, ni vida.
Terminar diciendo…¡tanta osadía!.
Terminar para terminar volviendo de nuevo a la rutina de dos ojos que no miran, de una mente que no calibra, de un sostén que no aguanta ni tan siquiera la filigrana de dos trozos de malvas sujetos a sus costuras.
Tanto esfuerzo y tanta patraña. Tantas noblezas y tantas estancias, y, a los postres, un humano más desnudo de gracia.


*Rocío Pérez Crespo*



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